Llotja de Bellpuig

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El aumento del consumo de pollo incentiva la creación de granjas de cría en Extremadura, donde el número de instalaciones ha crecido casi un 9% durante los dos últimos años, y muchas han ampliado su capacidad. A pesar del crecimiento del sector, el precio puede ser un arma de doble filo.

A las carnes de más solera les ha salido un importante competidor en los últimos tiempos. El pollo está ganando la pelea por ser el animal más consumido, porque es una de las alternativas más económicas para comer en este contexto de crisis para los presupuestos domésticos.

Los hogares extremeños consumieron durante el pasado año 14,4 millones de kilos de carne de pollo, lo que supone un 2% más que en 2010, según los datos del Ministerio de Agricultura.

Este incremento se está agudizando, según el último boletín del ministerio. Asegura que en febrero de este año el consumo de este animal ha crecido el 10,8% a nivel nacional. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), ha alertado que en la dieta española “se consume menos carne, excepto de pollo”.

La principal causa del cambio de hábito de consumo reside en el precio del producto, ya que el pollo es más barato que otras carnes. Esta situación está animando a muchos emprendedores a levantar nuevas explotaciones avícolas en la región. Iniciativas empresariales que ven en este 'boom' de consumo una oportunidad de inversión rentable.

Según los datos de la Consejería de Agricultura, el número de granjas ha crecido en la región un 8,8% en los dos últimos años, hasta totalizar 245 instalaciones de este tipo. Además, el Diario Oficial de Extremadura (DOE) es testigo de cómo crece también el número de peticiones de autorizaciones ambientales para nuevas. A pesar del crecimiento del sector, el precio puede ser un arma de doble filo.

Según la patronal Propollo, están sufriendo durante los últimos meses un descenso en su facturación, producido no tanto por el consumo sino por el coste del producto. “Son los precios de venta al público los que marcan la verdadera marcha del sector”, afirma Ángel Martín, secretario general de Propollo.

Precios

“Los precios se tienen que fijar de manera transparente”, incide, al tiempo que confía en que la nueva ley de la cadena alimentaria, que se presentara en el Congreso de los Diputados en septiembre, pueda clarificar cómo se fijan los precios en el mercado.

Según dice, una de las prioridades es que se intensifique la vigilancia en un proceso donde las empresas de distribución tienen un poder de negociación más alto que los productores avícolas.

En esta misma línea, Antonio Prieto, secretario de Ganadería de UPE-UCE, apunta la necesidad que tienen los criadores de que los precios de su producto y los costes de producción sean estables a largo plazo.

Afirma que existen diversos factores que influyen directamente en la rentabilidad del sector, como son el coste de los piensos, los medicamentos o el mantenimiento de las instalaciones.

Entre los problemas, Prieto señala directamente los bajos precios que les pagan por sus animales. Asevera que en muchos casos las grandes superficies usan el pollo como 'producto reclamo'.

Es decir, venden el pollo muy barato, aunque se queden sin margen, para atraer clientes que luego compran además otros productos existentes en el supermercado. A pesar de todo, admite que el sector pasa ahora por un buen momento.

 
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